Con la energía de este universo perfecto, creado por Dios
para nosotros, sus hijos, doy las gracias por lo que fue,
por lo que es y por lo que será mi vida.
Doy gracias
por la profesión que he ejercido en estas dos décadas, la cual me enseñó lo necesario para dar este paso.
Doy gracias por la oportunidad y la libertad que tengo
de cambiar. Nadie dijo que fuera fácil: las decisiones que tomamos, la gente con la que vibramos, nuestra aptitud,
escribe un libro con tinta indeleble. Eso es lo que hace interesante el reto, pues además de aprender a llevar los
días con fe, paz, alegría y deseo de servir, me abró a enseñar
a otros, que así lo pidan, a romper con aquello que los aleje de ser los hijos consentidos de Dios.
Doy gracias por mis dos hijos y por todas aquellas personas
que con su sabiduría demuestran que el camino lo elegimos antes de nacer y que solo hay que encontrar el mapa que nos guíe
hacia Él.
Gracias a ti, por estar aquí |